NUESTRAS PREGONERAS
Conoce la historia de las mujeres que han inspirado la primera generación de pregoneras
CINTA
CINTA
Si apareces por casa de Cinta sin avisar, lo primero que vas a escuchar es un: “arsa pa ya” con una sonrisa que blanquea todas las paredes del barrio.
Y justo después: “¿Te vas a quedar a comer?”
Porque si hay algo que define a Cinta es eso: su manera de querer a la gente a través de una mesa.
Y vaya mesa.
Comer en casa de Cinta es un espectáculo. De los que empiezan horas antes, con ella yendo y viniendo de la cocina, probando una salsa, colocando una fuente, diciendo que no ha hecho apenas nada mientras hay comida como para media calle.
Cinta ha criado tres hembras y dos varones. Y es una madre bandera. Una madre gallina clueca, como decimos en nuestra tierra. De las que quieren tener a toda la familia cerca. O mejor todavía: dentro de casa.
Tiene 88 años y sigue subiendo cada día el montón de escaleras que tiene su casa. Va a yoga. Sale siempre arreglada, con sus zapatillas de deporte y esa energía que da hasta coraje. Porque muchas veces la miras y piensas: “vamos a ver cómo puede esta mujer conmigo”.
Cinta tiene el don de quitarse importancia. Como tantas mujeres que han hecho muchísimo y luego te dicen: “hija, si yo no he hecho ná”.
Pero Cinta ha levantao una vida entera.
Ha sido directora general de su S.L.: sus labores.
Y lo ha hecho con to el arte del mundo (y con una constancia y fuerza que revienta cualquier duda).
Porque ella duda muy poco.
También tiene una pena muy grande. De la que no vamos a contar porque es suya y la tiene agarraíta. Pero ella ha decidido convivir con esa ausencia manteniendo viva la imagen de quien falta. Y agarrándose a su Dios cada día.
Cinta es hermana de Ani y junto a su otra hermana, Mari, criaron una troupe inmensa de hijas e hijos entre en el campo y la playa. En esa Huelva que lleva el nombre de mujeres a las que queremos como ejemplo.
Es de Valverde del Camino. Y cualquier día su pueblo le pone una calle. Y no quedaría nada mal un cartel que dijera:
“Por esta calle anda Cinta, una pregonera valiente”.
CARMEN
CARMEN
Si vas a casa de Carmen, lo primero que te preguntará es si has comido.
Te hablaría orgullosita de su vida, apasioná y con una energía tan bonita que revienta la tristeza de cualquiera. Aunque le cuesta andar, cada día cruza la calle para sentarse en ese banco con vistas a la vida y esperar a sus vecinas para charlar a la fresca.
“Virgencita, aquí estoy para acompañarte, que estás mu sola”, le dice al cuadrito que tiene colgado justo al lado del banco.
Carmen parió cuatro veces y, cuando le preguntas por ello, te habla de Isabel. “Mae, que se me fue al cielo con 4 añitos”.
Te contaría que se fue a trabajar a hoteles de Cataluña siendo muy joven y que allí era feliz porque, aunque estaba reventaíta, llevaba un uniforme limpio y no pasaba hambre.
A Carmen le encanta comer y cocinar.
Pero volvió al pueblo donde nació, a Cuevas Bajas, en Málaga, para criar a sus hijos cerca de su madre. Porque “mae, hay que tener claro que lo primero es la familia, la casa y los tuyos”.
Carmen ha trabajado desde que era niña. Con 13 años ya trabajaba en el campo y, cuando volvía fatigaíta, todavía se encontraba una lista de su madre con cosas para arreglar en la casa.
Trayendo dinero, lavando, cocinando, limpiando y pendiente de todo el mundo antes que de ella. De esas mujeres que acababan agotás y aun así seguían preguntando: “¿En qué te ayudo?”
Y ahora se le ilumina la cara cuando habla de su Juan, su Carmen y su Antonio. Habla de sus hijos y de sus nietos con una pasión inmensa y te asegura que todo lo que hizo tuvo un sentido mu grande.
Y quizá lo más bonito de Carmen es eso: que cuenta su vida con orgullo. No dice que “no hizo nada”. Sabe perfectamente todo lo que ha levantado con sus manos.
Por eso este modelo lleva su nombre. Porque Carmen nunca necesitó contar todo lo que hacía para ser importante. Ella sabe que lo ha sido cada día de su vida.
ANI
ANI
Si conoces a Ani, hay una cosa que no vas a olvidar nunca: su alegría.
Ani nació en Huelva. Es la menor de nueve. La niña bonita. La que siempre sonríe, aunque por dentro tenga un montón de palabras rotas.
Se casó muy joven, empezó a parir a los 19 y así hasta siete. Tres hijas y cuatro hijos. Y ese aborto que se le escurrió en el bidé y del que nunca habla.
Su suegra la acogió como a una hija, en esa casa tan grande de Andújar, donde Ani se entregaba cada día a cocinar y a criar a sus hijas e hijos.
A Ani le ha gustado tanto bailar que ahora, cuando alguien le dice algo bonito, incluso en el hospital, levanta los brazos y baila.
Ani también es bondad.
A veces volvía a casa llorando cuando se encontraba a alguna mujer pidiendo, con un bebé a cuestas. “Pobrecita, pobrecita…”, decía sin parar.
Y hacía bizcochos, siempre, a todas horas, para agradecerle a las personas cualquier cosa: al médico, a la mujer que iba a ayudarla con la cocina, a quienes se quedaban con sus hijas e hijos, a sus amigas.
Ani jugaba a todas horas.
Iba en su seiscientos a los colegios a recoger a su prole y la llevaba al campo a jugar cada día.
Podían ir ocho en el coche. Porque ella, su cocina y toda la casa entera siempre estaban abiertas para la gente y, sobre todo, para “los chiquillos” y la familia.
Siempre tiene un colchón guardado por si viene alguien. Ella ha educado a su familia en que las casas siempre tienen que estar abiertas para quien quiera y que “un plato de comida más, se apaña”.
Ella y su “Nono”, con el coche cargado de churumbles y el conejo o el perro, volvían siempre a su Huelva, a Los Pinos, en Valverde del Camino, en Navidades y en Semana Santa. A una casa que tenían sus dos hermanas. Allí ha sido muy feliz. Muchísimo.
Y en verano, a Punta Umbría, en Huelva.
A Ani le gustaba tanto la playa, que teniendo la casa al lado, era experta en hacer muchísimos bocadillos diferentes para su familia y comer bajo el toldo, con las vecinas.
Ani siempre se pinta los labios de rojo y le encantan los bebés.
Cuando va por el pueblo, le habla a todo el mundo para decirle cosas bonitas.
Ani es mi madre. Y le da nombre a esta bata porque es el origen de que yo haya fundado esta empresa, para que ella y todas las mujeres del mundo tengan siempre una bata a su medida.
Para que vayan guapas.
Yolanda