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Cesta

La cesta está vacía

NUESTRA HISTORIA

En mi casa nos hemos criado con un bizcocho en la cocina.

Era la manera en la que mi madre agradecía el cariño que recibía de las personas. 

Recuerdo un día que llegó llorando de la calle porque había visto a una mujer sentada en el escalón de la iglesia, llorando, muertecita de frío y con un bebé atado al pecho.
Yo no supe consolarla, pero nunca me he olvidado de ese momento.

Quizás ese sea el origen de mi amor infinito por las mujeres y de mi obsesión por ayudarlas, porque la madre que me parió me lo enseñó en casa. 

Ahora lo llamamos sororidad.

Ella lo llamaba amor.

La niña bonita

Mi madre nació en Huelva.
Es la menor de nueve.
La niña bonita, la que siempre sonríe, aunque por dentro tenga un montón de palabras rotas.

Se casó muy joven, empezó a parir a los diecinueve y así hasta siete

Siempre volvía a Huelva para dar a luz.

Por eso mi amor por esa tierra. Por Valverde del Camino, por Los Pinos, donde las tres hermanas se juntaban en una casa inmensa en Navidades y en Semana Santa.
Mari con dos,
Cinta con cinco,
Y Ani con siete. 

Allí nos criaron salvajes, con un amor desmedido, el zumo de las naranjas del campo y la leche de las ovejas, que al hervirla formaba una costra de nata para hacer mantequilla.

Arremangaítas

Las mujeres de nuestra tierra no criaban solas. Se ayudaban unas a otras sin pensarlo, abrían sus casas al vecindario y se repartían la vida como podían. 

Arremangaítas.

Siempre había una pendiente, una que cuidaba, una que tiraba del carro cuando hacía falta y otra que te traía fruta de su huerta.

¿En qué momento se nos ha olvidado que nuestras madres y abuelas tenían sus casas abiertas al mundo?

Que nos han criado y amamantado para que no cerremos puertas, para que compartamos…

La bata

Ella ha sido madre, mujer y cocinera dentro de una bata.
Igual que mis tías, sus hermanas. 

Año tras año y verano tras verano, las tres las vestían para mitigar la caló del verano que se te mete en los huesos y te empapa enterita. Y a la mañana siguiente, la lavaban en la pila y la tendían, porque se secaba tan rápido que se la podían volver a poner.

Mi madre

Mi madre siempre está guapa.
Con sus batas y con las que ha heredado de sus hermanas.

Solo tiene que pintarse los labios de rojo y sonreír.

Por eso nace La Pregonera

Porque necesitaba diseñarle una.
Porque quiero decirle que la quiero siempre guapa.

Y cuidarla con tejidos buenos.

Porque también quiero decírselo regalando. 

Porque gracias a ella hoy soy.
Con fuerza y con amor. 

Igual que vosotras se lo queréis decir a vuestras madres y abuelas.
A todas las mujeres de nuestra tierra.

Verano 2025 . Sierra de Segura 

Esta idea me acompaña desde los 22 años, cuando terminé la carrera de diseño y moda en Madrid.
Mientras mis compañeras y compañeros soñaban con Dior o Versace, yo quería ir por los pueblos con una colección de vestidos para las heroínas de la tierra. 


En agosto del 2025, viviendo en la aldea, me reventó por dentro de nuevo esta idea y supe que había llegado el momento.
Y aquí estoy, dándole voz a todas las mujeres que nos han criado y amado. 

Reinventando su bata para ellas, para nuestras pregoneras.